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Dalmati-Narvaiza

1913-2013

 

12/07/2013     03/11/2013

Me encuentro ante la dificultad de realizar una semblanza de Alejandro Rubio Dalmati, dificultad por dos razones. La primera es lo arduo que resulta para mí el expresarme con la palabra, puesto que lo mío son las imágenes y lo segundo, por la imposibilidad de sintetizar en unas pocas líneas una vida tan larga y prolífica que da para escribir una novela histórica por sus vivencias, viajes e incontables obras realizadas. Mi tío, que para mí fue como mi segundo padre, a la vez que maestro y compañero de andadura artística, nació en Chile hace 100 años, en Chillán capital de la provincia de Ñuble, cuna de ilustres chilenos, tales como Bernardo O’Higgins padre de la patria o el gran Pablo Neruda.

A la edad de seis años su familia se traslada a Logroño, ciudad que desde siempre sintió como suya ya que, aunque no pudo escogerla como lugar de nacimiento, sí que la eligió para vivir, amar, crear e incluso para morir.

 Aquí comienza su educación y vocación artística, aprende a tallar la madera en el taller de su padre Juan Rubio Sáenz de Cabezón, natural de Fuenmayor, tallista y profesor de la escuela de Artes y Oficios de Logroño. Aquí conoció a su mujer Maruja Irigoyen.

Fue un niño prodigio, que ya nos sorprende con un dibujo realizado con apenas nueve años en el colegio de los Hermanos Maristas de Logroño, que representa la huida a Egipto y que para sí quisieran muchos artistas adultos. Numerosas tallas, estudios de dibujo, etc. realizados a temprana edad, dejan constancia de su incipiente maestría.

A los 16 años ya aparece en las páginas del diario «Acción Riojana» como un gran artista al que hay que tomar en serio. Se codea con los mejores escultores de su época en el concurso convocado por el Ministerio de Instrucción Pública para conmemorar el tricentenario de Lope de Vega, donde le conceden el premio que posteriormente le es arrebatado al comprobar el jurado que es casi un niño y dicen que premiarlo sería una

ofensa para el resto de los participantes, aunque los críticos que forman parte del jurado, entre los que figuraba José Francés, le prometen tenerlo en cuenta más adelante.

Sus padres le envían a Madrid para que estudie arte en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Durante su estancia en Madrid conoce y trata a muchos personajes famosos de las artes de su época, tales como Salvador Dalí, Daniel Vázquez Díaz, que le enseña a pintar al fresco, Federico García Lorca, Victorio Macho, con quien entabla amistad y acude a su taller y los premios Nobel Gabriela Mistral y Pablo Neruda, ambos chilenos como él, etc.

No contento con la forma académica de enseñar, abandona San Fernando y sólo asiste a las clases de anatomía y técnicas. Acude al hospital San Carlos para realizar prácticas de disección en cadáveres y monta su propio taller. La promesa de los críticos se cumple cuando en 1936 realmente es reconocida su obra en la Exposición Nacional de Bellas Artes de Madrid, donde su pintura y escultura son expuestas en la primera sala y periódicos como «La Voz», comentan con entusiasmo sus obras en la capital de España, lo que le hace conseguir una fama fugaz que casi le cuesta la vida al comienzo de la Guerra Civil, debido a las envidias de sus colegas y que le marcaría para siempre.

Estalla la Guerra Civil y ve truncadas todas sus expectativas, es injustamente encarcelado y aunque logra librarse de ser fusilado, tiene que emigrar a su tierra natal, Chile. Ausente desde los seis años, se siente extranjero en su propio país…

Alejandro Narvaiza Rubio
Texto extraído del catálogo «Dalmati- Narvaiza, 1913-2013».

Artista:
Alejandro Narvaiza Rubio

Colaboradores:
Cultural Rioja

Fotografía:
JPEG Estudio