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Carmelo Hernando

Un canon 1972-2013

 

05/06/2013     17/08/2013

La obra artística de Carmelo Hernando (Haro, 1954) está plasmada en multitud de soportes, saltando con soltura del cómic al vídeo o del fotomontaje a la pintura. Pero la variedad de formatos no oculta el hecho de que sus obras están construidas mediante el uso de unas estrategias muy similares, sustentadas sobre las obsesiones del artista. La apropiación de las imágenes ajenas es un recurso clave para entender su estilo. Los retazos de lo real, expendidos por los múltiples agentes visuales contemporáneos, son robados, alterados y reformados, para construir nuevos mensajes ajenos a los de origen. 

El montaje (lleve el prefijo foto, vídeo, picto; o cualquier otro) de imágenes ajenas fue el recurso típico de las vanguardias históricas de principios del siglo XX. Su furioso mensaje combinaba a la perfección con la agudeza e inmediatez del fotomontaje. La infección de imágenes que aseguraba la incipiente sociedad de masas fue el combustible que alimentó el montajismo practicado por el dadaísmo berlinés, el surrealismo parisino o el constructivismo soviético.

Cuando Carmelo Hernando hace públicos sus primeros fotomontajes en 1978, bebe de todas estas tendencias, mezclándolas y destilándolas dentro de un nuevo contexto: la postmodernidad. Se pretenda o no, una gran parte de la producción de Hernando debe leerse en este nuevo hábitat postmoderno, un túnel de referencias lustrosas que no pretende evocar nada más que su mera superficialidad. Pero los montajes de Carmelo Hernando se deben analizar en un sentido ético. Es lo que otorga contemporaneidad al mensaje hernandiano, que con su última producción en lienzo alcanza la perfecta combinación de ética y estética, en su personal búsqueda de una vanitas contemporánea. La minuciosidad en la representación mediante pincel de una figuración que el artista antes construía apresuradamente con material fotográfico reciclado, elimina la aleatoriedad intrínseca al fotomontaje. El lienzo obliga a ser observado con calma, a desentrañar su significado con tranquilidad. El espectador se siente contagiado por el detallismo extremo de la obra, se ve forzado a participar, a unir las piezas y recomponer el mensaje.

Carlos Traspaderne, Logroño, mayo de 2013.

Artista:
Carmelo Hernando

Colaboradores:
Cultural Rioja

Fotografía:
La Casa de la Imagen