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“La vida es lo que hacemos de ella. Los viajes son los viajeros. Lo que vemos no es lo que vemos, sino lo que somos”. Esta declaración, casi un manifiesto, incluido en el Libro del desasosiego de Fernando Pessoa es la hoja de ruta no consensuada que comparten los artistas que integran esta exposición.
El viaje, más su anhelo que su consecución, ha sido motor de arranque para el proceso creativo de fotógrafos desde los orígenes de esta disciplina. Proyectar un viaje es, para un fotógrafo, escoger un territorio donde liberar las inquietudes y obsesiones que permanecían en cautiverio en su residencia habitual. Lo que para el resto de la población representa una desconexión, una forma de olvidar transitoriamente las obligaciones y responsabilidades del trabajo y la rutina, para el colectivo de los creadores de imágenes se plantea como la oportunidad de renovar un compromiso personal con la esencia de su oficio: moverse para mirar, desplazarse para fotografiar.
Y es en esa reconexión con el núcleo donde comienzan las preguntas acerca de la naturaleza de un viaje concebido, en apariencia, como una pausa en la actividad cotidiana. ¿Qué significa partir de vacaciones para un fotógrafo? ¿Cómo son las imágenes de recreo de alguien cuyo trabajo el resto del año consiste en generar imágenes? ¿En qué se diferencian sus fotografías de las que disparan con sus móviles los miles de viajeros que encuentra en su camino? Para empezar el fotógrafo siempre viaja solo, aunque lo haga rodeado de gente. Las imágenes que realiza no suelen dar cuenta de un lugar bonito o un descubrimiento exótico, sino que nacen como resultado del encuentro entre una búsqueda preexistente y un hallazgo azaroso. De alguna manera, las imágenes ya estaban en la mochila del fotógrafo antes de iniciar el viaje, esperando adoptar en el camino su forma definitiva. El viaje del fotógrafo, como el de Ulises, siempre es en busca de su verdadera identidad.
En 1978 tuvo lugar en el Museo de Arte Moderno de Nueva York la icónica exposición Espejos y Ventanas, en la que su comisario, el conservador de fotografía del museo John Szarkowski, sugería una dicotomía entre los fotógrafos-espejo, que basan su trabajo en la expresión de su mundo interior, y los fotógrafos-ventana, cuya obra nace de la exploración del mundo exterior. Casi medio siglo después, los fotógrafos que componen la presente exposición han resuelto esa dualidad buscando fuera las respuestas a las preguntas que surgen de dentro, mirándose en la ventana y asomándose al espejo indistintamente, para encontrar en el camino un eco de su propia voz.
Esta exposición indaga la relación entre el viaje y los fotógrafos y, más específicamente, en el contraste paradójico entre el empleo del tiempo de ocio y la necesidad compulsiva de seguir produciendo imágenes no precisamente casuales o improvisadas. Más de 150 obras realizadas por 30 fotógrafos se despliegan a lo largo de los seis capítulos veraniegos que componen esta muestra: El viaje, Paisajes de tránsito, Familia y otros animales, Estados de excepción, Final de verano y Reel. Un recorrido coronado por un cine de verano imaginario que reúne secuencias de diversas películas de temática estival en diálogo con el cuerpo de la exposición. El resultado es una odisea colectiva de imágenes que los fotógrafos han tomado en una fértil soledad. Un periplo que se condensa, de nuevo, en la agitada revelación de Pessoa: “De cualquier viaje, por breve que sea, regreso como de un sueño lleno de sueños”.
Matías Costa
MATÍAS COSTA
Matías Costa, comisario y creador de este proyecto, nació en Buenos Aires en 1973. Llegó a España siendo aún niño en 1977. Se licenció en Ciencias de la Información en la Universidad Complutense de Madrid y comenzó a hacer fotografías en 1989 de manera autodidacta. Tras realizar un curso de fotografía documental en el Taller de Tecnologías Audiovisuales de Madrid, en 1992 publicó por primera vez sus imágenes en prensa.
Ha sido fundador y miembro del colectivo NOPHOTO hasta 2012, junto a Marta Soul, Juan Valbuena, Eduardo Nave y Juan Millás, entre otros. Su trabajo fotográfico está representado por la Galería Freijo de Madrid y la agencia británica Panos Pictures, es el responsable y comisario de la programación de exposiciones en Leica Gallery Madrid e imparte cursos y talleres como profesor asociado en la Universidad de Alcalá de Henares y la Escuela Universitaria de Artes TAI en Madrid.
Ha recibido, entre otros muchos galardones, el premio World Press Photo en dos ocasiones y fue el primer Premio Descubrimientos del festival PhotoEspaña. Así como una de las prestigiosas Becas Leonardo de la Fundación BBVA, el Premio Internacional de Fotografía Banca March, la Beca de la Fundación La Caixa y la Fondation Jean-Luc Lagardère y nominaciones al Prix Pictet y al Premio Gabo de la Fundación Gabriel García Márquez.
Destacan sus exposiciones en la Sala Canal de Isabel II, Museo Reina Sofía, Centro de Arte de Alcobendas, Albert Hall Museum, Fundación Mapfre, Photobiennale de Moscú, Centro de Arte La Regenta o el Centro de la Imagen de Ciudad de México.
Ha publicado los libros monográficos SOLO, Zonians, The Family Project y Photobolsillo, así como libros colectivos como Diccionario de fotógrafos españoles, Lugares de tránsito o Aquí y ahora.
Ha sido durante 10 años fotógrafo corresponsal para The New York Times en España y Suiza, así como colaborador habitual de medios como El País Semanal, The Guardian, Stern, Smithsonian o La Repubblica, entre otros.
Comisariado:
Matías Costa
Produce:
Sala Amós Salvador – Cultural Rioja
Artistas:
Alejandra Carles-Tolrá
Ana Maisonave
Bernardita Morello
Carla Oset
Carlos Traspaderne
Carmenchu Alemán
Cristobal Hara
David Salcedo
Eduardo Nave
Imanol Legross
Israel Ariño
Javier Izquierdo
Jerónimo Álvarez
Jordi Bernadó
Jorge Fuembuena
Juan Millás
Juan Valbuena
Juanan Requena
Laura C.Vela
Lurdes R. Basolí
Manuel Sonseca
Manuela Lorente
María Sánchez
Miren Pastor
Navia
Rocío Aguirre
Sergio Belinchón
Sonsoles Calzado
Txema Salvans
Valery Katsuba
ABIERTO POR VACACIONES — Exposición comisariada por Matias Costa
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Rafael Canogar (Toledo, 1935), de vocación artística temprana, inicia su formación siendo adolescente con el pintor Vázquez Díaz. Pronto se despierta su interés por las vanguardias. En sus primeras obras abstractas, fechadas a mediados de los años cincuenta, desarrolla un mundo poético en el que se deja sentir la influencia del cubismo, de Joan Miró y Paul Klee.
En París descubre el informalismo, que identifica con una expresión de libertad. Se entrega a una pintura de acción donde a través del gesto automático y del trazo violento, se expresan los estados de ánimo. Es una vía para canalizar su conciencia social y política, y un instrumento idóneo para romper las estructuras tradicionales y expresar libertad.
En 1957 será uno de los miembros fundadores del grupo El Paso –junto a Antonio Saura, Manolo Millares, Manuel Rivera, Pablo Serrano, Luis Feito, Juana Francés y Antonio Suárez, con la colaboración de los críticos Manuel Conde y José Ayllón– una agrupación que protagoniza la renovación del panorama artístico español de postguerra.
A mediados de los años sesenta el informalismo había dejado de ser el instrumento idóneo de comunicación para Canogar y siente la necesidad de volver a la realidad. En sus cuadros aparecen referencias contemporáneas, la vida tal y como es, basándose en imágenes extraídas de la prensa. En esta etapa, incorpora ropajes en sus cuadros. Canogar pone de relieve en estas piezas las calidades de la materia, como un anticipo de lo que encontraremos en sus obras posteriores, un regreso a los elementos esenciales de la pintura.
Con el regreso de la democracia, Canogar abandona los elementos figurativos y su interés se centra en la pintura y su problemática. Más tarde siente la necesidad de recuperar la imagen y lo hace en una serie homenaje al escultor Julio González.
A partir de 1992 se produce un nuevo giro, trabaja con planchas de papel que trocea y recompone; se vale también de otros elementos, poniendo en valor la materia, en un juego de destrucción y reconstrucción.
Estos últimos años, se revelan como un momento excepcional de su producción. Canogar protagoniza una vuelta a la pintura, trabajando con elementos mínimos para darles la máxima significación, buscando la esencia. Aparecen campos de intenso color, en una incesante vindicación del oficio de pintor.
A lo largo de su trayectoria, la pintura ha sido para Canogar instrumento de denuncia, investigación arqueológica, fragmentación y construcción. Hoy el artista sigue creando y creyendo en la pintura. Acude diariamente a su estudio, se reinventa, investiga, se actualiza.
Esta exposición se presenta como una retrospectiva de su trayectoria, como un itinerario por toda su pintura. A través de las obras seleccionadas se realiza un recorrido por casi setenta años de quehacer artístico, reuniendo obras desde sus inicios hasta el momento actual, en formatos y técnicas diferentes. La muestra pone de relieve la continuidad del ímpetu creativo de este artista que siente la pintura como una necesidad vital.
Rafael Canogar. Nacido en Toledo en 1935. Pintor, escultor y grabador. Uno de los principales representantes del arte abstracto en España. Cuenta en su trayectoria con los siguientes reconocimientos: Gran Premio de la Bienal de São Paulo (1971), Premio Nacional de Artes Plásticas (1982), Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes (2003), Premio Artes Plásticas de la Cultura de la Comunidad de Madrid (2005) y el Premio Nacional de Arte Gráfico (2011). Desde 1998 es miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.
Lola Durán. Doctora en Historia del Arte y Cultura Visual. Comisaria de exposiciones y crítica de arte. Su ámbito de investigación se centra en el arte español del siglo XX.
Comisariado:
Lola Durán
Produce:
Sala Amós Salvador – Cultural Rioja
RAFAEL CANOGAR — Itinerario por su pintura
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Girls To The Front! intenta trazar una genealogía de las relaciones entre las artes visuales y la música pop-rock reconsiderando las premisas bajo las cuales hemos construido el relato histórico de las músicas populares urbanas.
Al pensar en los imaginarios “oficiales” del rock se ha convertido en un tópico echar la vista hacia nombres como: Robert Johnson, Elvis Presley, Mick Jagger, David Bowie, Bruce Springsteen o Kurt Cobain, olvidando que el rock no sería lo que conocemos sin la poderosa influencia de muchas mujeres que han contribuido a forjar unas prácticas culturales ligadas a la rebeldía y el combate generacional.
La exposición está integrada por más de 300 portadas de discos – diseñadas en muchos casos por artistas visuales de prestigio como Cindy Sherman, Barbara Kruger, Annie Leibovitz, Linder Sterling, Ana Torralva o Lynn Goldsmith- con las que se articula un recorrido cronológico e iconográfico por los principales géneros y subgéneros de la música popular grabada entre 1923 y 2023, protagonizado exclusivamente por mujeres.
Nuestro viaje arranca con pioneras del blues como Ma Rainey, Bessy Smith o Memphis Minnie que, en la tercera década del siglo XX pusieron los cimientos de este género y grabaron las primeras canciones feministas de la historia, teniendo que soportar que muchas de sus aportaciones fueran saqueadas por bandas como The Rolling Stones o Led Zeppelin. Pasando por figuras como Big Mama Thornton (Cantante de Rythm&Blues que grabó en 1953 la primera versión de Hound Dog que luego popularizó Elvis Presley en 1956), iconos generacionales incontestables como Aretha Franklin o Patti Smith y figuras de culto vinculadas al punk y la música de vanguardia como Lydia Lunch, Yoko Ono, Annea Lockwood, Ana Curra, Mamen Rodrigo, Diamanda Galas o Kim Gordon, hasta desembocar en artistas actuales que han logrado fusionar experimentación y sensibilidad pop como Bjork, St. Vincent, FKA Twigs, Rosalía o Sevdaliza.
La exposición presta particular atención al Movimiento Riot Grrrl, que en la década de los 90 – con bandas como Bikini Kill, Bratmobile, Babes in Toyland, L7, o Sleater-Kinney- se erigió como una alternativa a estilos como el Grunge y el Heavy Metal y plantó cara al machismo imperante en la industria musical convergiendo en su lucha, con colectivos artísticos como Guerrilla Girls y Pussy Riot. El eslogan “Girls To The Front!” fue, precisamente, el grito de cientos de mujeres que a punta de talento, desplante, valentía, reclamaban su derecho a sentirse seguras en los conciertos de punk-rock y su reconocimiento y visibilidad profesional
dentro de la industria musical.
Girls To The Front! incorpora, asimismo, varias obras producidas específicamente para la Sala Amos Salvador entre las que destacan el monumental diagrama conceptual que da título a la exposición con el que se visualiza una historia de las relaciones de intercambio entre las artes visuales y la música pop desde las primeras décadas del siglo XX hasta la actualidad, la videoperformance La historia del rock en 10 canciones (Vol. 2) y la videoinstalación Love Song de Montse Galán.
Javier Panera es actualmente Director del Máster en Estudios Avanzados de Historia del Arte de la Universidad de Salamanca e investigador cultural, Premio Villar y Macías (CSIC). Ha sido director del DA2 (Centro de Arte Contemporáneo de Salamanca) y ha comisariado más de 150 exposiciones de artistas nacionales e internacionales como Andy Warhol, Tania Bruguera, Chistian Marclay, Ulrike Rosenbach, Albert Oehlen, Tony Oursler, Concha Jerez, Fernando Sinaga o Elena del Rivero, destacando, proyectos colectivos sobre las relaciones entre las artes visuales y la música popular como Rock My Religion, Video Killed The Painting Star, This Is Not a Love Song (finalista de los Premios Ciudad de Barcelona a la mejor exposición del año), Bailar de arquitectura o El pintor de canciones.
Montse Galán es artista visual e investigadora del Programa de Doctorado de Historia del Arte y Musicología de la Universidad de Salamanca. Finalista del Premio Jóvenes Creadores de Salamanca en 2020 (Pintura). Su trabajo explora las relaciones entre la pintura, la cultura popular y los nuevos medios desde una perspectiva feminista y se ha materializado en varias exposiciones individuales entre las que destacan: Naked Vinyls. ¿tienen las mujeres que estar desnudas para salir en la portada de un disco? (Museo de Salamanca, 2021), Queens of Noise (Sala Pintores 10, Cáceres, 2022) o la colectiva This Is Not a Love Song (Centro Cultural de la Villa, Madrid, 2021).
Comisariado:
Montse Galán
Javier Panera
Produce:
Sala Amós Salvador – Cultural Rioja
GIRLS TO THE FRONT! — Proyecto de Montse Galán y Javier Panera
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El relato visual de Liza Ambrossio (Ciudad de México, 1993) arranca en la adolescencia con la huida de su casa familiar y el infantil, perverso y a su vez instintivo deseo de supervivencia al invocar la muerte de sus progenitores antes que permitir el feminicidio o la desaparición de ella misma en un país, una educación y una cultura profundamente conservadora, religiosa, elitista, desestructurada y machista.
Su violento exilio dispara una investigación sobre la supervivencia, la locura propia y ajena, la libertad, la responsabilidad y la muerte, invitándonos a un viaje —mental y real—, a través de sus diferentes series.
El camino recorrido por la artista genera historias entrelazadas que rompen la cotidianidad banal y frívola para poner el foco en cuestiones inconfesables, en acciones surrealistas, en extremos actos de deseo, de justicia simbólica o en fetichismos macabros. La normalidad transmuta en imágenes monstruosas, fantasmales, mágicas o malditas, catalizadoras de nuestra intriga. Toda imagen para Ambrossio se convierte así en señuelo y delirio.
LA IRA DE LA DEVOCIÓN
El primer trabajo de Liza Ambrossio genera una alternativa de vida a partir de un diario visual. En él se muestran desde las cicatrices provocadas por el cambio de rumbo vital, iniciado al abandonar el nido familiar, hasta los diferentes caminos elegidos y por elegir, muchas veces marcados por un instinto animal primitivo. Hay cenizas del pasado, pero también visiones de ensoñaciones o futuros. Y también hay una presencia constante e indefinida en la obra, como un fantasma que le acompaña en las sombras, en el que fija su mirada de vez en cuando, y que confunde a menudo con el reflejo de su propio rostro.
NARANJA DE SANGRE
Todo comienza con una imagen mental: una naranja que sangra. Es el punto de partida de una investigación acerca del terror individual y la hipótesis de sufrir un trastorno psicológico hereditario, que se manifestaría en sueños y en síntomas o enfermedades aparentemente inexplicables. Un peso consanguíneo que la artista Liza Ambrossio carga a pesar de huir del pasado.
LA ETAPA BRUJA
Su tercera gran serie profundiza en la terrible violencia contra las mujeres que dejan titulares comunes en distintas partes del mundo sobre desapariciones y asesinatos. A partir de la investigación de una tradición familiar —las mujeres de su estirpe han practicado brujería desde hace varias generaciones—, Liza Ambrossio propone una magia ampliada y compartida como posible defensa universal contra el machismo. La misoginia es combatida en su trabajo a través de la representación de mujeres como seres inmortales e inmorales, con poderes sobrenaturales.
TRAICIONES NO AGUANTO, PARA BUENOS LOS SANTOS
El sincretismo de religiones entre España y Latinoamérica está muy presente en la obra de Liza Ambrossio, por lo que la presente muestra en la Sala Amós Salvador, cuyo primer uso histórico fue el de Convento de la Merced (primer cuarto del siglo XIV), confiere un añadido especial a su trabajo. Además, a escasos metros de este lugar una placa recuerda la última “quema de brujas” llevada a cabo por la Inquisición en noviembre de 1610. El trabajo desarrollado por Liza Ambrossio en una residencia de más de un mes en Logroño conecta la historia, la tierra, la sangre y el vino con la memoria, la pérdida y el duelo.
TEXTO COMISARIO
En los últimos años, el trabajo artístico de Liza Ambrossio ha apuntalado varias reivindicaciones merecidas, ganadas por derecho. Tal vez la más contundente sea el reclamar una obra salida de las entrañas, que de hecho habría sido el ejemplo perfecto en la Antigüedad para referirse a la bilis negra, uno de los cuatro humores líquidos defendidos desde Hipócrates hasta el siglo XIX. El resultado es un mundo inquietante construido a partir de imágenes aparentemente cercanas, pero que tienen siempre rasgos perturbadores. Casi parecen imágenes visuales de escenas de relatos de Poe o Lovecraft, aunque desde una visión contemporánea más cercana a la literatura de terror psicológico de Mariana Enríquez. Como sus libros, algunas fotografías de Liza Ambrossio también dan ganas de meterlas en el congelador, como método absurdo de defensa ante lo que acabas de leer o ver.
Otra reclamación es el modo de entender la fotografía. Por un lado, hay una defensa a ultranza de La ira de la devoción y de Naranja de sangre como fotolibros, es decir, como obras de arte en sí mismas. Obras originales que se pueden tocar y oler además de observar, que pueden ser disfrutadas más allá de las salas de un museo o galería, puesto que las puedes meter en tu casa, en tu vida cotidiana. Pero por otra parte, Liza Ambrossio defiende una forma de trabajar con la fotografía de una manera distinta y libre, con fotos propias y ajenas, originales y modificadas, distorsionadas, recortadas, invertidas o duplicadas. Cuando salta a un formato expositivo se multiplican estas posibilidades, las fotografías se convierten en esculturas y ganan tridimensionalidad, y el punto de vista ya no es lineal, como en los libros, con la lectura marcada por el paso de las hojas. En la sala, el espectador debe moverse entre las obras, tirar líneas diagonales de miradas, jugar con los espejos y verse reflejado en ellos, para que no se olvide que forma parte del proyecto, que hay que mirar hacia afuera y hacia adentro para entender la obra de Liza.
Finalmente, una última reivindicación: la capacidad de la artista de generar una alternativa de vida a partir de un diario visual. En estos proyectos se muestran desde las cicatrices provocadas por el cambio de rumbo vital, iniciado al abandonar el nido familiar, hasta los diferentes caminos tomados y por tomar por ella, muchas veces marcados por un instinto animal primitivo. Hay cenizas del pasado pero también visiones de ensoñaciones o futuros. Y también hay una presencia constante e indefinida en la obra, como un fantasma que le acompaña en las sombras, en el que fija su mirada de vez en cuando, y que confunde a menudo con el reflejo de su propio rostro. Tras años de vida nómada, como forma de tratar de dejar atrás las distintas cargas emocionales, queda aún en duda si el proceso creativo ha tenido su función catártica sanadora, si la autora ha exorcizado sus demonios o siguen ahí. Creo que el deseo real de Liza es convertirse ella misma en demonio, en completar la metamorfosis a través de su trabajo.
Javier Martín-Jiménez
BIOGRAFÍAS
Liza Ambrossio (Ciudad de México, 1993) desarrolla su trabajo entre España, Francia y México. Su primer libro, “The rage of devotion_La ira de la devoción”, editado por La Fábrica, fue considerado uno de los fotolibros más interesantes del año 2018 por el British Journal of Photography y El País. Su segundo fotolibro, “Blood Orange_Naranja de Sangre”, fue publicado por la casa editorial alemana Kehrer Verlag, y adaptado al formato expositivo en la Casa de América dentro de PHotoEspaña 2021. Gracias a las residencias artísticas en la Casa de Velázquez (Madrid) y en el Musée du quai Branly (París), en breve presentará “The witch stage_La etapa bruja” reunido en su tercer fotolibro.
Javier Martín-Jiménez (Madrid, 1978) Comisario, gestor cultural y docente universitario. Licenciado en Historia del Arte por la Universidad Autónoma de Madrid. Desde enero de 2020 es Comisario Residente del Centro de Cultura Contemporánea Condeduque en Madrid. Igualmente es codirector de Interfaz, Consultora especializada en Cultura y dedicada al asesoramiento de entidades públicas. Miembro del Consejo Asesor del MACBA Museo de Arte Contemporáneo de Buenos Aires desde mayo de 2022. De septiembre de 2015 a septiembre de 2019 ha sido Asesor de Arte de la Consejería de Cultura, Turismo y Deportes de la Comunidad de Madrid. Anteriormente fue Fundador y Director de la plataforma independiente de proyectos culturales Hablar en arte, así como Coordinador General de PHotoEspaña, festival internacional de fotografía.
Comisario:
Javir Martín-Jiménez
Produce:
Sala Amós Salvador – Cultural Rioja
Toda devoción causa ira — Exposición de Liza Ambrossio
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Nadie, ni siquiera él mismo, esperaba ya al fotógrafo Jorge Palomo Durán (Madrid, 1885-Logroño, 1942). Los archivos históricos guardan recuerdo de los numerosos e importantes proyectos en los que intervino como Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos. Las hemerotecas custodian a su vez reseñas de las actuaciones del que fuera director teatral e incluso cantante aficionado. Entidades tan diversas como el Aero Club Popular, el Ateneo Riojano, la Sociedad de Conciertos de Logroño, el Ayuntamiento de Logroño, la Asociación Libre de Defensa de la Propiedad Urbana Española o el Rotary Club de dicha ciudad, por ejemplo, mantienen en sus memorias las aportaciones de este polifacético personaje. Pero nadie, hasta hace muy poco, esperaba al fotógrafo Jorge Palomo Durán. Y, créannos, merecía la pena.
La casualidad, como tantas veces ocurre, es crucial en esta historia. La azarosa aparición, con motivo de las obras que se estaban llevando a cabo en una vivienda, de dos cajas de madera con más de mil negativos estereoscópicos de cristal cada una, permitiría descubrir, hace apenas cuatro años, al inesperado y excepcional fotógrafo que habitaba dentro de este arrollador Ingeniero, artista de elevado sentido estético y toque magistral. El hallazgo inicial se completó luego con la localización de otras tantas placas que permanecían en poder de la familia, lo que permitió la digitalización, catalogación y estudio de unos 4.500 negativos estereoscópicos de cristal de 45×107 mm. Es decir, una parte importante de los aproximadamente 6.500 que tomó entre 1912 y junio de 1942: instantáneas que nos invitan a la reconstrucción de su biografía, sus trabajos, sus viajes, sus aficiones y su precisa visión del mundo que le rodeaba…
Pese a su exquisita destreza técnica, a su dominio de la luz y a su talento para el encuadre, el inesperado fotógrafo Jorge Palomo, con sus imágenes, sólo buscó el deleite íntimo, sin pretender nunca —o, quizás, sin siquiera imaginar— su exhibición pública. Esa discreción, casi sorprendente en un perejil de todas las salsas sociales como era él, nos permite acercarnos casi por vez primera a una obra inédita, personal, sorprendente, original y reveladora de la inagotable curiosidad de un envidiable humanista.
La exposición Jorge Palomo Durán, un fotógrafo inesperado, nos permite acceder a su vida familiar, centrada en su chalet Los Rosales, a las afueras de Logroño, donde compartía su existencia con su esposa Carmen Cadarso García de Jalón y sus siete hijas, donde revelaba también sus fotografías y cuidaba sus 200 variedades de rosales, origen y retorno de infatigables viajes. Palomo, perteneciente a la promoción de 1908, empleó la fotografía tanto como herramienta necesaria en sus proyectos como forma de fijar en el tiempo su contribución al progreso. Afán documentalista no ajeno a preservar la memoria visual de los mundos que desaparecían sin remisión a su alrededor, ni a los variopintos acontecimientos sociales de los que ejercía como necesario cronista.
Con su vida centrada en Logroño desde la segunda década del siglo XX, las fotografías de Jorge Palomo Durán nos permiten hacer un recorrido inédito por una Rioja que ya sólo existe en el recuerdo, pero que nos ofrece nuevas herramientas para observar el porvenir cargado de tintes inciertos.
Comisario:
José Manuel Ramírez Martínez
Produce:
Sala Amós Salvador – Cultural Rioja
Escucha los podcast de la exposición:
1. Introducción
El hallazgo fortuito de dos cajas de madera cuyo interior albergaba unos mil negativos estereoscópicos de cristal cada una, fue el punto de partida de la investigación que nos llevó a localizar tres cuartas partes de las 6.283 placas que, en su origen, formaban esta sorprendente colección. Ni que decir tiene, no teníamos la mínima sospecha de quién era su autor. El tipo de placa de cristal de 45 x 107 mm. dejaba claro que se habían disparado con una glyphoscope, una cámara francesa de cuerpo metálico y dos objetivos en horizontal, uno para cada ojo. Desde su desarrollo en 1904, era una cámara muy popular entre aficionados y profesionales de la fotografía de todo el mundo. Inventada por el ingeniero Jules Richard de París en los estertores del XIX, la glyphoscope basó su éxito en su pequeño tamaño, su peso liviano, su sencillez de uso y unas excepcionales prestaciones para obtener instantáneas de gran precisión.
Tras incansables pesquisas, logramos dar con la identidad del autor del valioso legado. Tras el disparador de la cámara se hallaba un brillante y polifacético ingeniero de caminos, canales y puertos llamado Jorge Palomo Durán. Aunque nacido en Madrid, el ingeniero Palomo acabó convirtiéndose en un logroñés más a raíz de su matrimonio con María del Carmen Cadarso García de Jalón.
Sirva esta exposición como forma de reivindicar su talento arrollador y renacentista.
2. Vida familiar
La profesión de ingeniero lleva asociada una movilidad intrínseca, cambios de destino y desplazamientos puntuales al lugar de las actuaciones. Algo que, pese a que Palomo estableció su residencia en Logroño en 1914, sirve para explicar los diferentes lugares de nacimiento de sus siete hijas.
El amor por su esposa Carmen es palpable en muchas instantáneas: con ella visitaba obras, acudía a reuniones y compartía viajes de asueto o de trabajo, por España y por el extranjero. Más tarde fueron sus hijas mayores quienes le acompañaron mientras su esposa atendía en Logroño los asuntos cotidianos.
Al final de su vida, tras una infundada acusación de masón que le amargó la vida, se refugió al calor de su familia en el chalé de Logroño, donde, el 5 de junio de 1942, fallece a causa de un infarto de miocardio.
3. Vida social
A raíz de su boda con María del Carmen Cadarso en 1910, los vínculos afectivos de Jorge Palomo con Logroño crecieron hasta convertirse en su ciudad en 1914. Logroño, de escasa población y fuerte componente rural, acabó atrapándole de tal guisa que en 1924 encargó a sus cuñados arquitectos la construcción de un chalé para residencia familiar en una zona de expansión de la ciudad: en el cruce de Duquesa de la Victoria y Marqués de la Ensenada. En este chalé, derribado en 1970 y al que llamaron Los Rosales, se criaron sus siete hijas, sus nietos y unas doscientas variedades de rosas.
Su carácter inquieto y curioso, el amplio abanico de sus entusiasmos y su simpatía natural explican su protagonismo como impulsor de todo tipo de iniciativas sociales y culturales que rompieran la monotonía de su ciudad.
4. Vida profesional
Gracias a las imágenes que Jorge Palomo atesoró en su laboratorio fotográfico, podemos rastrear, con detalle, su periplo profesional por España y el extranjero. La colección resulta fundamental para recomponer su biografía y catalogar sus obras, pero también para comprender como el mundo rural, con su fuerte componente etnográfico, se adueñaba de sus gustos. Clarividente, Palomo observó que sus fotografías eran una forma de rescatar ese tiempo del olvido, de conservar ese mundo condenado a muerte por el progreso que prometían sus obras. Cada toma esconde, entre molinos, acequias, puentes, carreteras, o defensas, parte de su curriculum, la documentación de sus trabajos acompañados de la figura humana, soporte necesario para darles proporción y sentido.
5. Vida en La Rioja
Entusiasta de su profesión, de la música, el teatro, los toros o de cualquier acontecimiento que rompiera la invariabilidad de la vida logroñesa, el ingeniero Palomo tuvo una vida social muy activa en la capital riojana, donde ocupó cargos de responsabilidad y honoríficos en muchas asociaciones populares y en los círculos de la alta sociedad.
Pero su conocimiento de la región, no se quedó en la ciudad. El ejercicio de su profesión le sirvió para recorrer La Rioja y entrar en contacto con un mundo que, a él, madrileño de nacimiento, acabaría sorprendiéndole. Las instantáneas que tomó en sus andanzas por el valle y por la sierra ponen de manifiesto este asombro y admiración que, poco a poco, sin apenas darse cuenta, provocó que cada elemento etnográfico pasara a formar parte de sus querencias.
Un fotografo inesperado — Exposición de Jorge Palomo Durán
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